EVIDENCIA EN LOS CIELOS

 

Las Leyes de la ciencia son el fundamento de todo intento científico.  Ellas han sido demostradas para ser confiables, sin importar el tiempo o el lugar. Estas leyes permiten a los investigadores hacer predicciones precisas a partir de un grupo de condiciones dadas.  Ellas demuestran una abrumadora presencia de orden y diseño en el universo.  Casi toda ley científica puede ser expresada por medio de una fórmula matemática.  Muchas son llamadas con el nombre del científico responsable por su descubrimiento.  Ejemplos de estas leyes se listan en seguida:

 

Ley de Newton          

del movimiento (tres leyes para todo movimiento)

Gravitación Universal            

(dos cuerpos se atraen uno al otro)

Ley de Boyle                          

(relación entre presión y volumen, de gases)

Ley de Charles                       

(relaciones entre temperatura y volumen, de gases)

Ley Ideal de los Gases           

(temperatura, presión y volumen, de gases)

Ley de Culombio       

(cargas y distancias entre dos objetos)

Ley de Hooke                        

(acción y fuerza del  resorte)

Ley de Kepler                        

(ley de las órbitas planetarias)

Ley de Snell                           

(ley de la refracción de la luz)

Ley de Ohm               

(ley eléctrica de voltios, amperios y resistencia)

Leyes de la Termodinámica   

(leyes universales de la energía y la materia)


Las leyes sugieren un legislador –un diseñador o creador del universo–.  Sir Isaac Newton, el más grande científico que haya vivido jamás, fue un creacionista que pensaba en Dios como el divino relojero.  Como un fino reloj mecánico, cada componente de la creación está diseñado para trabajar en armonía con cada una de las demás.  Este patrón de intrincada coordinación en el universo apunta a un creador, alguien que diseñó el universo.  Newton, cuando desarrolló la Ley Universal de la Gravitación, observó el movimiento de los planetas alrededor del sol, y concluyó:

Este más hermoso sistema del sol, planetas, y cometas sólo podría provenir del consejo y dominio de un inteligente y poderoso ser.

Las leyes de la ciencia son uniformes, universales y no cambian –y por consiguiente predecibles–.  Una ley de la ciencia es verdadera tanto si es aplicada en la Tierra, o en cualquier lugar en el espacio.  Por ejemplo, las leyes de Newton del movimiento no sólo operan aquí en la Tierra, sino también en la luna o en una estrella.  Sin importar dónde estés en el universo, la segunda ley de Newton del movimiento predice que cada que una fuerza es aplicada, resultará una predecible aceleración.  Las leyes de la ciencia entonces, son universales, repetibles, predecibles, sujetas a una expresión matemática, y son evidencia de orden en la creación.

LAS DOS GRANDES LEYES DE LA CIENCIA


De todas las leyes de la ciencia, las leyes de la termodinámica, particularmente las primeras dos, son las más importantes.  Estas leyes pueden ser aplicadas al más enorme de los objetos en el universo o a las más diminutas e invisibles partículas.  Aplican a la materia o la energía, o ambas.  Una amplia variedad de condiciones pueden ser aplicadas, y los resultados serán siempre los mismos.  Las dos leyes de la termodinámica impactan casi cualquier rama de la ciencia.  Fueron formalmente descubiertas hace unos 200 años en el curso de experimentos con calor y su movimiento.

La palabra griega para «termodinámicas» está compuesta de «therme», que significa calor, y «dunamis», refiriéndose a potencia o energía.  La energía es difícil de definir porque no puede ser vista y no tiene masa.  Usted sólo puede observar sus efectos.  No puede ver la electricidad, pero puede ver su efecto cuando los rayos chocan contra la tierra.  Hay diferentes clases de energía: mecánica, química, eléctrica, magnética, nuclear, calorífica y lumínica.  El más asombroso fenómeno encontrado mientras desarrollaban el motor de vapor durante la Revolución Industrial fue que la energía calorífica puede ser transformada en mecánica y otras clases de energía (excepto energía nuclear).  Esto indujo a nuevas percepciones de cómo todas las clases de energía pueden ser transferidas de una forma a otra.  A medida que continuaron las investigaciones fueron formados incuestionables y predecibles patrones.  Fueron descubiertas relaciones matemáticas que le dieron nacimiento a las más fundamentales de las leyes de la ciencia –las Leyes de la Termodinámica–.

Estas leyes fueron desarrolladas por Lord William Thomson Kelvin (1824-1907), un devoto Cristiano y Creacionista, cuya estatura como científico compite con la de Newton.  Lord Kelvin hizo numerosas contribuciones a la ciencia, incluyendo muchos inventos.  Poseyó 21 doctorados honorarios.  No es sorpresa que el descubriera estas vitales leyes universales, dada su fe de que la creación vino de un infinito, amoroso, inteligente Dios.

La Primera Ley de la Termodinámica declara que la cantidad de energía y materia permanecen constantes.  Materia y energía pueden cambiar desde una forma a otra, pero serán siempre conservadas.  Materia y energía no pueden ser ni creadas ni destruidas.  Esta ley es llamada la Ley de Conservación de la materia y la energía.

La Segunda Ley de la Termodinámica sostiene que la energía y la materia tienen una tendencia universal a ir al desorden, un proceso conocido como entropía.  El universo está básicamente desgastándose en cada forma.  La organización, si se le deja sola, se vuelve desorganización.  Tiene que ser agregada energía al sistema para incrementar el orden y disminuir la entropía.

EL GÉNESIS Y LAS DOS GRANDES LEYES


Las primeras dos leyes de la termodinámica son fundamentales para la ciencia porque tienen que ver con las cosas básicas del universo material –materia y energía–.  Aplican a cada sistema vivo e inerte.  La conservación de la energía y la materia, y el hecho de que la materia y la energía de un sistema estén naturalmente desgastándose, tienen grandes implicaciones.

Sabemos, por la primera ley, que la materia y la energía son predecibles y constantes.  La entrada de energía siempre igualará a la salida de materia.  Por otra parte, la segunda ley del desorden requiere trabajo para mantener un sistema funcionando.  Esto puede ser desconcertante.  Las máquinas tienden a desgastarse, los sistemas vivos eventualmente decaen y mueren, incluyendo los humanos.  Incluso los cuerpos celestes se están desgastando.  Cuando uno da un paso atrás para evaluar estas leyes y su impacto en el universo, se levanta naturalmente la pregunta de cómo eso llegó a ser así.  Justo como todas las leyes sugieren un dador de la ley, así las preeminentes leyes de la termodinámica tienen que seguramente haber venido de la mano de Dios.  Es irracional creer que esas leyes universales son la consecuencia del azar.  Hay sólo una alternativa inteligente: Dios.

El Génesis nos dice que Dios completó el trabajo de la creación en seis días: «Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos» (Génesis 2:1).  Toda la materia y la energía, la tierra y las estrellas, toda forma viviente, incluyendo los humanos, fueron creados y completos.  El trabajo completo y terminado de la creación indica que todos los componentes estuvieron en su lugar. Nada quedó para ser añadido o eliminado.  La creación podría cambiar de forma, pero nunca ser destruida, como es observado en la ley de conservación.  Todo lo que Dios creó en la primera semana es todo lo que tenemos ahora y todo lo que siempre vamos a tener.

La maldición de Dios después de la caída, se depositó no sólo en el hombre por su pecado, sino que impactó el dominio del hombre sobre la tierra.  Dios dijo a Adán que «maldita será la tierra por tu causa» (Génesis 3:17).  Esto es repetido por Pablo en el Nuevo Testamento, cuando afirma que «la creación fue sujeta a vanidad», y que «la creación misma será liberada de la esclavitud de corrupción» (Romanos 8:20-21).

Yo creo que la Segunda Ley fue puesta en efecto por Dios en el momento de la creación de la materia y la energía, porque provee vías para que la energía y la materia sean transformadas.  La evaporación del agua, por ejemplo, sigue la Segunda Ley, porque las moléculas de agua tienden a volverse más desordenadas al momento que ocurre la evaporación.  Como puedes imaginar, esto es importante en muchas maneras.  ¿Cómo podrías lavar y secar tu ropa mojada si la evaporación no ocurriera?  El Calor es definido en términos de la Segunda Ley como la transferencia de energía desde un ambiente caliente y de alta energía, a otro ambiente de baja energía.  La vida y casi todo sistema inerte necesitan transferencia de calor o movimiento de la energía para su existencia.  El simple acto de caminar depende de la fricción, el cual es una aplicación de la Segunda Ley.

Sin embargo, cuando Dios maldijo la creación, incluyendo al hombre, creo que la segunda ley fue alterada y hecha más intensa.  La maldición sobre el mundo y el universo ha producido cambios dramáticos y catastróficos.  Henry Morris sugiere que la maldición de la creación tuvo un triple impacto:

Cuando el hombre pecó, no sólo hizo que Dios pronunciase una maldición sobre el hombre mismo sino también sobre todos los dominios del hombre (Génesis 3:17) –el universo físico, biológico y social–.

LAS LEYES DE LA TERMODINÁMICA Y LA CREACIÓN


La palabra en hebreo traducida como «creado» en Génesis 1:1 denota la creación, a partir de nada, de los sistemas del universo maravillosa e intrincadamente diseñados.  Estos complejos sistemas, demasiado numerosos de contar, desde un organismo micro celular a un macro cósmico cuerpo celestial, están todos sujetos a la misma ley de deterioro.  ¿De dónde vino esta ley de deterioro?  Nuevamente, de un único evento que tuvo que haber tenido sus orígenes fuera del universo. Tuvo que venir de Dios.

En resumen, las dos leyes de la termodinámica indican la necesidad de algún poder por fuera de los procesos presentes y conocidos que originalmente ha traído todo a la existencia.  Algo por fuera y por encima de la vasta complejidad del espacio, tiempo, energía, materia, es requerido para haberlo iniciado, pero libre de ellos.  Esto es, las leyes de la termodinámica pueden decirnos que una absoluta creación es necesaria.

Las leyes de la termodinámica plantean un serio reto a la evolución, la cual asume un movimiento ascendente desde simples, inertes partículas a complejos sistemas vivos a lo largo de eras en el tiempo.  Las leyes observadas demuestran los siguientes problemas para la evolución.  Primero, como establece la Primera Ley, cualquier cambio a un sistema cerrado tiene que venir desde afuera, ¿de dónde vienen los componentes (materia) del sistema?  Segundo, el sistema está programado para ir al desorden –no para crecer en el orden–.  ¿De dónde viene el deterioro?  Es universal y puede ser visto por todas partes.

El problema que encara la evolución realmente reside en ¿cómo un organismo pudo haber sido construido a partir de sus partes componentes rudimentarias?  Moléculas inertes tuvieron que ensamblarse a sí mismas en una simple célula.  Esa célula tuvo que encontrar otras células que se combinaron para producir un órgano vivo en un proceso que continuó hasta aparecer el ser humano.  Pero el ensamblaje de sistemas vivos es extremadamente complicado y no pudo haber sucedido por azar.  Se requiere de una inteligencia exterior.  El proceso requerido para mover desde las moléculas hasta el hombre, al estilo evolución, es un completo desafío para la ley del deterioro.  Este es un problema severo para la evolución.

CUANDO TÚ DESEAS BASADO EN UNA ESTRELLA
El debate de los orígenes no está solo confinado a las cosas vivientes sino que también involucra a todo el cosmos.  La evolución, basada en el naturalismo, busca excluir enteramente la idea de Dios.  Asume fuerzas naturalistas para explicar cómo las estrellas, el sol, la tierra y la luna llegaron a existir. Los evolucionistas se permiten especular cuando buscan explicar la evolución estelar, galáctica, planetaria y orgánica. Por supuesto –la evolución, que intenta explicar eventos únicos sin ningún dato empírico para soportar la teoría– nunca ha sido observada.  Todas las formas de cosmología son teóricas por naturaleza, porque ninguna puede ser probada.  Todos los tipos de evolución nombradas arriba tienen muchas teorías propuestas para ellas, lo que sugiere que no hay consenso.

Los cuerpos celestiales emiten luz y otras energías radiantes, como ondas de radio desde el espacio, que pueden ser observadas a través de enormes distancias.   Hay inimaginables distancias entre los objetos estelares.  La estrella más cercana a nuestro sistema solar es Alfa Centauro.  Está a una distancia de 4.3 años luz, la cual es equivalente a 40 millones de millones de kilómetros, una enorme distancia para nuestro vecino de al lado.  Estas vastas distancias son multiplicadas cuando miramos nuestra propia galaxia La Vía Láctea, compuesta por 100 mil millones de estrellas.  La parte más ancha de la Vía Láctea mide 120,000 años luz, lo cual equivale a un millón cien mil millones de millones de kilómetros (1’100,000’000,000’000,000 Km. o 1.1x1018 Km.). 

Los vastos alcances del espacio hacen aparecer la tierra totalmente insignificante.  El Telescopio Hubble orbitando alrededor de la tierra nos da una condición ideal para observar la luz y otras radiaciones en el espacio, pero aun enfrenta un problema de distancia observable.  El universo está compuesto de incontables estrellas ocupando un espacio inimaginable.  Sólo puede ser estudiado desde una posición especulativa y hasta poco realista.

No es para asombrarse que el campo de la cosmología no tiene dónde ir sino al reino de la especulación.  Sin datos empíricos, no es verdadera ciencia.  Esto está ejemplificado por términos como «materia negra» y «energía negra», conceptos necesitados, de acuerdo con la cosmología evolucionista, para mantener las cosas expandiéndose y moviéndose en el universo.  El problema, sin embargo, es que ellos no pueden ser observados en el presente, así que los cosmólogos están inventando nuevos instrumentos con la esperanza de encontrar esas entidades escondidas.  Para el cosmólogo, el hecho vergonzoso es que este inobservable y no verificable «sustancia negra» ocupa el 95 por ciento del universo.  Sólo puede darse cuenta del cinco por ciento que es observable.  David Cline le puso dirección a este problema en Scientific American:

El Universo a nuestro alrededor no es lo que parece ser… Los movimientos de este material visible revelan que son restos flotantes de un mar invisible de material desconocido.  Conocemos poco acerca de ese mar.  Los términos que usamos para describir sus componentes, «materia negra» y «energía negra», sirven principalmente como expresiones de nuestra ignorancia.

Lo mismo puede decirse de los agujeros negros.  Nadie ha observado uno, pero algunos han teorizado que ellos son áreas de alta densidad hacia las cuales toda luz es atraída.  Una y otra vez, empleando especulación tras especulación, la cosmología evolucionista construye argumentos basada en pizcas de información que, en efecto, desplazan al Dios Creador de Su legítimo lugar en Su universo.

LA GRAN EXPLOSIÓN (BIG BANG) O EL GRAN DESTROZO
La Gran Explosión (o Big Bang) es la versión popularizada de la cosmología evolucionista.  Establece que la materia, la energía y el espacio estaban todos comprimidos muchos billones de veces más pequeños que un protón y luego explotaron por cierta razón indeterminada para crear un universo en expansión, el cual continúa esparciéndose hoy día.  Hay en el presente unas 50 teorías propuestas por los cosmólogos para explicar la Gran Explosión, todas las cuales no son más que modelos matemáticos.  ¿Por qué tantas teorías?  Es evidente que el veredicto está aun lejano.

Si el Big Bang es verdad, como es presentado por los cosmólogos, ellos deberían tener una base científica para soportarlo. Proponer que el universo vino a ser, debido a una gran explosión, tiene implicaciones de gran alcance que afectan cada ser humano.  Para que la evolución cósmica sea aceptada, las preguntas de abajo tienen que ser respondidas, no sólo con teorías especulativas o creativas fórmulas matemáticas, sino con fuerte evidencia científica.

1. ¿Qué causa que las partículas de materia se unieran hasta convertirse en  cuerpos celestiales?

Esta pregunta básica debe ser contestada.  Si el Big Bang causó que la materia y la energía se separaran y movieran hacia fuera a velocidades tremendas, en algún momento esa materia tuvo que unirse y agruparse.  La explicación ofrecida es que mientras ocurría el enfriamiento, las partículas redujeron su velocidad y se aglutinaron.  El problema es, sin embargo, que esos objetos celestiales se están moviendo a relativamente altas velocidades separándose los unos de los otros.  No hay evidencia empírica para soportar la teoría de la formación de las estrellas propuesta por los cosmólogos evolucionistas.  Ninguna estrella o galaxia ha sido jamás visto que se forme en el espacio a partir de una estrella de gas.  Como expuso el astrofísico de Harvard, Abraham Loeb: «La verdad es que no entendemos la formación de las estrellas a un nivel fundamental»

 2. ¿Puede una explosión producir orden?

La Segunda Ley de la Termodinámica, como se anotó arriba, tiende a traer todo sistema al desorden.  El cosmos no está exento de la Segunda Ley.  Cuando uno observa el universo, la Segunda Ley es evidente por doquier.  El sol se está fatigando lentamente; las estrellas se están consumiendo e incluso explotando.  Es obvio que la Segunda Ley del desorden está aquí para quedarse.

La teoría del Big Bang contradice la Segunda Ley porque  requiere que las partículas se organicen y se adhieran a una escala cósmica.  No hay evidencia científica para esta declaración.  Es tanto como esperar que soltando una bomba nuclear en una montaña produjera ordenadas pilas de tierra en lugar de absoluta destrucción.  Lo que vemos en el universo es directamente opuesto a lo que esperan los cosmólogos evolucionistas.  Observamos un universo decadente cuyo orden de complejidad está en descenso.  La cosmología evolucionista desafía directamente estas grandes leyes de la ciencia.

   3. ¿Qué hubo antes del Big Bang?

Mientras algunos dicen que la materia y la energía son eternas y estuvieron siempre presentes, la pregunta permanece: ¿De dónde vino todo?  Tuvo que venir de una fuente externa.  ¿Cómo empezó?  Nuevamente, la respuesta es que una fuente externa lo inició.  Todo lo observado tiene un inicio y un fin.  La materia y la energía no son excepciones.  El principio vino de una fuente exterior: Dios.

4. ¿Es observable la expansión del universo?

Las ondas infrarrojas –el movimiento de la luz viniendo de objetos en el espacio hacia el final del espectro– son considerados como evidencia para la expansión del universo.  Sin embargo, hay unos 50 modelos para es proceso de expansión.  Hay confusión y poco consenso sobre este asunto.  Eso no es sorprendente.  Después de todo, uno esta tratando con un universo gigantesco a partir de un limitado marco de referencia.

No hay respuestas claras en este momento, sólo especulación creativa.  Esto es ilustrado por el concepto cosmológico para el comienzo –lo que ha sido calificado el «huevo cósmico»–.  Nunca observado, la idea del huevo cósmico para el origen del universo se devuelve en el tiempo y encoge toda la materia en billones de veces más pequeña que un solo protón.  La idea de que toda la materia y energía pudiera ser recogida en un lugar hace tambalear la imaginación y, por supuesto, no tiene fundamento empírico.  Aun así, hay modelos matemáticos que representan la precisa fracción de segundo cuando esto tuvo lugar.  Esto es presentado como un hecho científico y necesita ser desafiado.

«EN EL PRINCIPIO DIOS»
La cosmología del Big Bang desafía la Palabra de Dios.  La palabra hebrea para «creado» en Génesis 1:1 sólo podría significar que Dios creó todos los componentes del universo a partir de la nada.  Sabemos por Juan 1:1 que Dios, quien creó el universo, es la suma total de la racionalidad y la lógica.  El Big Bang, sin embargo, niega la racionalidad y los principios científicos largamente sostenidos.  Está demostrado que la evolución está basada en una sorprendente fe crédula.  No hay evidencia para estas declaraciones de gran alcance.

Todos los cuerpos celestiales llegaron a existir en el cuarto día de la creación, de acuerdo con la historia del Génesis.  La palabra hebrea para luces, maor, significa «luces luminosas».  Fue en el cuarto día que los hornos nucleares de las estrellas comenzaron a arder, produciendo calor y radiación al universo entero.  La primera luz no fue de las estrellas; fue de Dios.  En el primer día Dios dijo, «Sea la luz: y fue la luz» (Génesis 1:3).

La luz es parte del espectro electromagnético, la cual incluye rayos gamma, rayos X, ultravioleta, infrarrojos, microondas, y ondas de radio.  Cuando la primera luz tuvo lugar en el universo, estaba acompañada por esas otras formas.  El Creador, Jesucristo, quien llamó a la luz a existencia, más tarde, mientras caminaba sobre la tierra, relacionaría la luz con la vida eterna.  El dijo, «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12).

Los billones y billones de estrellas en el cosmos son una exhibición majestuosa.  ¿Cuál es el propósito de todas esas estrellas y cuerpos celestiales?  Las Escrituras señalan muy claramente que el propósito de la creación de las estrellas en el cuarto día fue que ellas fueran «señales para las estaciones, días y años» (Génesis 1:14).  Un enorme reloj astronómico que nunca falla fue formado por Dios en los cielos para que nosotros conservemos el orden y tengamos dominio sobre la creación de Dios.

No sólo tenemos un reloj para marcar las estaciones, los días y años, sino como Dios declaró, tenemos una «señal» para recordarnos Su eterna presencia –una marca en el reino celestial que aparece sin fin en tamaño y espacio–.  El cosmos está lleno con la evidencia de la gloria y soberanía de Dios.  Es una señal para que el hombre recuerde su posición en el tiempo y el espacio mientras investiga los cielos con sofisticados telescopios.  Nosotros simplemente caemos de rodillas sabiendo que hay uno, muchísimo más grande que nosotros, quien creó el magnífico universo.  La cosmología del Big Bang no es ciencia, sino una creencia que intenta negarle al Creador el propio reconocimiento por Sus más magnificas señales en el universo.

Levantad en alto vuestros ojos, y mirad quién creó estas cosas; él saca y cuenta su ejército; a todas llama por sus nombres; ninguna faltará; tal es la grandeza de su fuerza, y el poder de su dominio. –Isaías 40:26